Compasión: corazón de la medicina

Hace pocos días en Twitter encontraba un comentario de una chica joven, cuya identidad no resulta relevante y por tanto la omito, que decía lo siguiente:

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“Conmigo compasión y pena poca. Si te vas a compadecer de mí vete a tu casa”.  Dicho así, parece que la compasión hoy en día no tiene muy buena prensa. No es de esta compasión, de la compasión entendida como pena de la que yo quiero hablar. Pocos días después tuve la alegría de encontrar otro tweet de un colega que decía:

“Sentir lástima por el paciente que sufre lo lastima más. Lo que humaniza nuestra profesión es la capacidad de sentir compasión.”

Y es que nuestro colega ha dado en el clavo: La compasión es el corazón de la medicina. Aunque tenga mala prensa, compasión es una palabra llena de sentido. Compasión significa padecer con quien sufre: padecer con. Un amigo nuestro, Marcos Gómez, pionero de los cuidados paliativos en España, comentaba que para él la compasión es la sublimación de la empatía. La empatía, esa capacidad de sintonizar en emociones y afectos con el otro, tiene bastante que ver con la compasión.

Algunos entienden la compasión de un modo más profundo. Harvey Chochinov habla de la compasión como algo que pertenece a la esencia de la medicina y precisamente lo encuentra en cuidados paliativos. Para Chochinov la compasión es la C del A, B, C y D de la medicina, del cuidar conservando la dignidad del paciente.

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Poner orden en las ideas

Sin embargo, no soy un experto, tampoco un pensador, y pretender definir el concepto de compasión se me escapa sin ninguna duda. Cuando pienso en la compasión en el contexto de la medicina aparece en mi mente un mapa de palabras. En ese mapa se mezclan conceptos como humanidad, cuidar con dignidad, consolar, cuidado espiritual, sanación, cuidado centrado en la persona, etc. Aunque nada de he dicho significa exactamente lo mismo que el término compasión, para muchos, los conceptos de ese mapa mental son cercanos, incluso equivalentes a la compasión.

Mapa de elaboración propia

Hace poco he leído un libro maravilloso titulado Compasión (el título original es “Compassion: The Essence of Palliative and End-of-Life Care“) que ha editado Philip J. Larkin, presidente de la sociedad europea de cuidados paliativos. Ahí, en uno de los primeros capítulos, leí cómo la compasión empieza por la conexión del enfermo. Uno de los autores nos decía que para experimentar el poder de la compasión había que conectar con el paciente, trabajar estando conectado con él. Y sí, esto es algo que a mí me encaja. Me doy cuenta de que puedo trabajar con un paciente conectando o sin conectar con él. Y que si lo hago del primer modo, conectando, me resulta mucho más fácil comprender y actuar en su beneficio. ¿De qué tipo de conexión hablamos? Hablamos de entrar en su mundo personal, conectar en su humanidad. Sentir que ese paciente es mi igual, que es un ser humano como yo. Sentir que en eso somos iguales y que yo puedo ayudarle.

Otros autores como Henri J.M. Nouwen, cuando nos hablan de compasión nos hablan de sumergirse en la condición del ser humano. En su libro, también titulado Compasión (“Compassion: A Reflection on the Christian Life”) dice textualmente:

“La compasión nos obliga a ser débil con los débiles, vulnerable con los vulnerables, y sin poder con los que se ven impotentes en la enfermedad”.

Sin duda esta definición de Nouwen es una definición profunda. Sin embargo, a mí me parece que pone demasiado el acento en el padecer, en que compadecer significa padecer para el profesional. Yo no entiendo así la compasión. Me parece que, en medicina, la compasión no es solo padecer, es padecer y hacer algo por el paciente. Para mí, la compasión es la suma de sentimiento + acción; sentir como persona y actuar como médico.  Hay un eco emocional en la palabra compasión y, al mismo tiempo, hay una respuesta ética y profesional que nos obliga, por así decirlo, a ayudar al paciente. Esto es la compasión en medicina: una respuesta personal del médico al sufrimiento.

Aprender a ser compasivos

Quisiera terminar con algo que recientemente nos ha enseñado una alumna. Fue la respuesta con la que completó un seminario en el que hablábamos de la compasión. Ella había preguntado a otro médico, colega mío, qué era la compasión para él y su respuesta le gustó tanto que quiso compartirla. Me parece que es el mejor resumen, la mejor síntesis de lo que entendemos por compasión en medicina:

“La compasión es el lazo que nos permite vibrar al mismo nivel que otro ser humano. La compasión es una forma de percibir la realidad del otro como propia, como no ajena. Es el latido de nuestro corazón que se sincroniza en sístole y diástole con el del ser humano al que tenemos el privilegio vital de acompañar. La compasión es entender que la medicina fue siempre la excusa para vivir una aspiración mucho más profunda. Compasión es el germen de una mirada, una caricia o un abrazo que contienen en sí mismos el valor terapéutico de lo verdadero y auténtico. Eso es para mí la compasión: sentir que en mí hay espacio para el corazón de otra persona cuando trabajo como médico”.

Y yo, cuando leí lo anterior, no tengo nada más que añadir. Y vosotros, ¿qué pensáis que es la compasión?
Esperamos vuestras respuestas. Hasta pronto, amigos.

Sobre el autor:


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Carlos Centeno es Especialista en Oncología Radioterápica, Profesor Titular en la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra e investigador principal del programa ATLANTES. Además es el director de la Unidad de Medicina Paliativa de la Clínica Universidad de Navarra.

Puedes seguirle en Twitter (@ccentenocortes) y ResearchGate

2 thoughts on “Compasión: corazón de la medicina

  1. Si, creo que la compasiòn es la puerta a la comprensiòn , a la consideraciòn y a la atenciòn que como paciente aspiro recibir de los mèdicos y de la familia que me rodea y que sin la menor duda ayuda en 50% la calidad de vida.

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